MIDDLE OF THE NIGHT – A HOLE IN THE HEAD (1956-1959)

En 1956 Edward G. Robinson finalmente se divorciaría de su primera esposa Gladys Lloyd después de muchos años separados y con una relación de lo más tensa. Pero no pasaría mucho tiempo hasta que se casó de nuevo en 1958 con Jane Adler, con quien de hecho ya se relacionaba desde hacía varios años. Curiosamente la persona que presentó a Edward y Jane fue la propia Gladys. Robinson se preguntaría si eso pudo ser una ironía o si sería parte de un plan. También el mismo día que le llegó a Robinson la definitiva demanda de divorcio le pasó lo mismo a su hijo, que en esa época tuvo un intento de suicidio con pastillas para dormir, aunque fue descubierto a tiempo. Pero eso no serían todos los problemas de Edward Jr., que fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol y provocar un accidente en el que uno de sus amigos perdió un ojo. Pasó dos meses en la cárcel. Más adelante, después de participar en cortos papeles en films como Con Faldas Y A Lo Loco, con los problemas con el alcohol olvidados, sacaría una autobiografía en donde se despachaba a gusto con sus padres, lo que le sentó fatal a su madre, que criticó a su hijo públicamente. En cambio Edward padre se lo tomó con otra filosofía, le pareció bien si eso significaba un punto aparte en la vida de su hijo, al que más adelante ayudaría de nuevo con la presencia de ambos en un capítulo de la serie televisiva Zane Grey. Robinson sentía que la relación con su hijo era mejor que nunca.

A causa del divorcio perdió su colección de arte, ya que al no haber acuerdo y según con las leyes de California se tuvo que vender en una subasta para repartir el dinero obtenido a partes iguales entre marido y mujer. Al intentar pedir un préstamo con objeto de comprar la parte correspondiente a Lloyd se encontró con unas condiciones tan abusivas por parte de los potentados con quienes trató, entre ellos David Rockefeller, que ante la posibilidad de perder todas las obras en caso de no poder cumplir con la devolución del préstamo no tuvo más remedio que desistir. Luchó para evitar tener que deshacerse de colección y luchó después para intentar recuperarla mediante la recompra, pero le fue imposible financieramente y sólo mediante contactos con el representante del comprador pudo rescatar 14 obras a precios desorbitados, lo cual le supuso un duro golpe. El magnate griego Stavros Niarchos fue quien compró en una subasta 58  de los 72 lienzos de la colección por una cantidad superior a los tres millones de dólares. Robinson intentó reunirse con él a lo largo de los años para recuperar alguna obra más, pero fue en vano, Niarchos siempre se negó a recibirle o a contestar sus cartas. Frustración es poco decir para lo que debía sentir Robinson, ya que además de no poder recuperar esos cuadros sabía del uso que le daba Niarchos a parte de su antigua colección: decorar su yate marítimo, con lo perjudicial que resulta ese ambiente para cualquier cosa.

Pasaron tres años desde Los Diez Mandamientos hasta que Edward G. Robinson volviera a actuar en una película. Durante ese período de tiempo, entre 1956 y 1958, volvió al teatro para protagonizar junto a Gena Rowlands la obra Middle Of The Night en Broadway y en una gira nacional. La obra trataba de la relación amorosa entre un hombre entrado en años y una mujer mucho más joven. A Rowlands le sorprendió que alguien que había interpretado tantas veces a gángsters en la gran pantalla en realidad era una persona muy atenta y amable, que siempre antes de encender un cigarro preguntaba si le molestaba a alguien que fumara, que a pesar de sus problemas personales nunca se quejaba de esas circunstancias y que se reía con facilidad, pero al mismo tiempo, decía la actriz, no era alguien fácil de tratar si las cosas se torcían. A raíz de los problemas con el divorcio Gena Rowlands vio como por única vez a Robinson se le olvidó alguna línea el día que salió publicado en la prensa la pérdida de parte de su colección artística, se quedó en blanco en uno de los diálogos y dejó el escenario brevemente. De todas formas, el público, sabiendo de sus problemas personales le dedicó una sonora ovación en su retorno a escena. También destacaría la actriz la vitalidad de Robinson, que muchas noches al acabar la obra en Nueva York y estando el resto del reparto extenuados él se iba de fiesta con su mujer por su ciudad.

Por esa época también Paul Muni estaba representando otra obra en Broadway, los tiempos de la rivalidad entre los dos actores había pasado y ya no había problemas entre ellos, pero después de hablar con Robinson sobre todos los detalles de sus trabajos Muni se sorprendió al saber de las mayores ganancias que tenía su colega con Middle Of The Night, quejándose a su agente por ello. De todas maneras, durante las representaciones de la obra Robinson tuvo la posibilidad de actuar en el film The Last Angry Man, ese papel le encantaba y estaba deseando hacer la película, pero de nuevo fue un personaje que iría a parar a, sí, Paul Muni…

No estaba previsto que Middle Of The Night se escenificara durante un tiempo tan prolongado pero debido al gran éxito comercial que obtuvo las representaciones se extendieron hasta más de ochocientas. Las críticas eran unánimes, la obra no era nada del otro mundo y era la actuación de Robinson prácticamente el motivo de tal éxito. Eso de todas formas no sirvió para que participara en el film que se rodó en 1959, a pesar del interés del actor, finalmente el papel fue para Fredric March. A Paddy Chayefsky, el autor de Middle Of The Night, le irritaba que Robinson sacara carcajadas del público con unos diálogos que no fueron concebidos con ese propósito por su autor y le acusaba de interpretar erróneamente su papel, pero era el único que pensaba así. A pesar de la unanimidad sobre el gran trabajo de Robinson por parte de la crítica, el público y sus colegas, Chayefsky no tragaba con el actor, y tenía en mente para el film que se iba a rodar a Spencer Tracy y Paul Muni para el papel protagonista. Al ser tanteado Spencer Tracy no quiso saber nada aludiendo que había visto la obra y que a pesar de que se consideraba a si mismo uno de los mejores no se veía capaz de llegar al nivel que Robinson había logrado en esa obra. El director, Josh Logan, trataba de mediar entre las dos partes, pero aunque Robinson era bastante flemático en sus discusiones con Chayefsky, éste perdía los papeles a menudo. A la entrada a escena de Robinson cada noche se le recibía con una tremenda y sentida ovación, ignorada por el actor que esperaba a que terminara para empezar con su actuación. La crítica destacaba que a pesar de llevar más de un cuarto de siglo en Hollywood el actor no había perdido sus habilidades como actor teatral, si acaso era al contrario. Llamaba mucho la atención de la crítica lo fácil que aparentemente era para el actor hacer su trabajo y su naturalidad.

Entre el éxito de la obra y la gran aceptación de público por Los Diez Mandamientos, Edward G. Robinson volvía a ser una estrella, a pesar de todas las penalidades sufridas en la caza de brujas. Los años de trabajar en películas de serie B habían quedado atrás y de nuevo tenía a la prensa dedicando páginas al actor, siendo otra vez una personalidad relevante. Eleanor Roosevelt, viuda del expresidente norteamericano, le pidió que dijera unas palabras en un homenaje a su marido, en la que Robinson rindió un sincero tributo a su amigo con un discurso que también sirvió para provocar a Ronald Reagan y al resto de los que durante tanto tiempo le acosaron por su actitud liberal.

Así pues, tras un espléndido éxito en su retorno al teatro volvió al cine de la mano de Frank Capra. A Hole In The Head es una película menor de Capra, aun así una comedia decente con sus buenos momentos, pero un film quizás demasiado amable y complaciente en su conjunto, no obstante plantea ciertas cuestiones interesantes sobre la amistad y la familia. Los protagonistas de la obra original eran judíos, ¿por qué los personajes principales pasaron a ser ítalo-americanos en el guion final? Es posible que Hollywood se opusiera a dar una imagen tan típica sobre los judíos y su tacañería. Tony Manetta (Sinatra), es un “viva la vida” (y viudo) que vive con su hijo y tiene que recurrir a su hermano Mario (Robinson), que es un empresario de éxito gracias al esfuerzo y la roñosería a partes iguales. Tony busca de su hermano dinero para seguir adelante con su negocio hotelero, pero éste tiene otras ideas, como presentarle a una mujer seria con objeto de que se case de nuevo y siente cabeza de una vez.

A pesar de que Robinson fuera una imposición de Sinatra, que le idolatraba por sus papeles de tipo duro, el rodaje no empezó demasiado bien ya que la forma de trabajar de los dos actores era opuesta. Mientras que a Robinson le gustaba ensayar y ensayar para perfeccionar su actuación Sinatra detestaba tanto ensayo y creía que la clave estaba en la espontaneidad. Robinson se enfrentó a Capra por tal motivo, consideraba que consentía demasiado a Sinatra y que se le menospreciaba al tener que ensayar las escenas que compartía con Sinatra sin su presencia y quiso abandonar el rodaje. Thelma Ritter ya le había avisado a Capra, estaba convencida de que el rodaje iba a ser un infierno con tanta personalidad junta. No se equivocó. De todas formas los problemas se solventaron, Robinson en realidad respetaba mucho a Capra y a Sinatra como para echarlo todo por la borda. Más adelante Sinatra le diría a Robinson que nadie podría acusarle de no esforzarse ya que estudiaba bastante cada escena en solitario, pero que consideraba que tanto ensayo le perjudicaba ya que llegaba a hartarse de tanta repetición, repercutiendo negativamente en su estado de ánimo y a la postre a la hora de interpretar frente a la cámara. Sinatra y Robinson, que compartían cumpleaños, a pesar de esos problemas durante A Hole In The Head tuvieron una gran amistad. Tal era el grado de complicidad que tenían que por motivo de una hospitalización de Robinson, a causa de un accidente de tráfico, recibió de Sinatra como regalo un patinete, el cual fue mostrado orgullosamente por el propio Robinson a su salida del hospital. En otras ocasiones en las que Robinson tuvo problemas graves de salud, como el infarto que sufrió durante el rodaje en África de Sammy Going South, tuvo todo el apoyo de Sinatra. Eso sí, a Robinson no le debió gustar mucho saber que Sinatra cambiara de ideología política, ya que paso de ser un demócrata convencido a republicano, como demostró con su apoyo a Nixon. Aún así eso no hizo mella en su relación, y dice mucho de la amistad que los unía el hecho de que el único lienzo de los realizados por Robinson que pasó a pertenecer a otra persona fue uno de los autorretratos del propio Robinson que acabó en poder de Sinatra.

Capra tendría en Billy Wilder un duro competidor a la hora de tener a Robinson para este film, Wilder andaba detrás de él para que actuase en Some Like It Hot (Con Faldas Y A Lo Loco). Y si Wilder llegó a contratar a Edward G. Robinson Jr. para ese film fue para tratar de convencer a su padre (que por otra parte, Edward Jr. está especialmente patoso, cuesta de creer que en una película de Wilder aparezca una actuación tan pobre como cuando Edward Jr. está jugueteando con una moneda), pero el viejo Robinson finalmente no pudo compaginar las dos películas. El papel para el que Wilder quería a Robinson era el que haría Nehemiah Persoff, que interpretó a Little Bonaparte, personaje que de haber sido realizado Robinson habría tenido más peso en la película.

Hay que decir que Robinson en esta A Hole In The Head demuestra de nuevo que como actor de comedia no tenía precio, aunque hay que valorar en su justa medida la aportación de Thelma Ritter en el papel de esposa, la química entre marido y mujer es de lo mejor del film. La forma de Mario de abroncar duramente a Tony llamándole repetidamente “vago” es genial, pero es un personaje duro y tierno al mismo tiempo, como dice el hijo de Tony refiriéndose a los “cariñosos” contactos tiene con su tío Mario: “Es tan bueno que hace daño, como cuando me pellizca en el brazo.” Robinson da todo un recital en sus irritadas reacciones ante su hermano y ante el atolondrado de su propio hijo, al que tiene trabajando en una de sus tiendas y es un adicto al hula-hoop.

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