DR. EHRLICH’S MAGIC BULLET (1940)

El Dr. Paul Ehrlich, padre de la quimioterapia, fue un avanzado a su tiempo al que no le importó ir en contra de lo establecido con tal de poder hacer lo que debía. Impulsó enormemente la curación de enfermedades tales como la sífilis, difteria o trastornos del sueño, tal vez con métodos muy polémicos ya que la primera versión de la fórmula que realmente podía funcionar para curar la sífilis sin, en teoría, tener efectos secundarios severos, causó un número un importante de muertes, pero aún así hasta la llegada de la penicilina en los 40’s fue el tratamiento más usado para esa enfermedad. Ganó un Premio Nobel aunque siempre fue muy discutido por la comunidad médica alemana.Para realizar el film sobre Erhlich se tuvo que contar con la autorización de su familia y también con su información ya que no había biografías disponibles del Dr. en esa epoca. En la Alemania nazi por supuesto que no se le daba ningún crédito, una de las declaraciones de principios de Hitler era que “un descubrimiento realizado por un judío no vale para nada”.La película es al mismo tiempo respetuosa con los logros médicos y se hace asequible para quienes estamos alejados de ese mundillo sin recurrir tampoco a una jerga demasiado simplista. El trabajo en la dirección de William Dieterle es extraordinario, esta es una de esas películas en el que todo encaja a la perfección, con un reparto completo que destaca por su homogeneidad. Pocas pegas se le puede poner a un film como este, exceptuando algún detalle como cierto toque de humor metido, quizás,con calzador. Que la Warner quisiera hacer este tipo de películas y otras como La Tragedia de Louis Pasteur, también de Dieterle, demostró que Hollywood estaba en un momento de madurez total, y más viendo el producto final. Huyendo del sensacionalismo la película da cuenta de los logros conseguidos por el Dr. Ehrlich, de las muchas dificultades y en alguna ocasión de la suerte para obtener esos resultados. De todas maneras John Huston, que fue uno de los autores de la versión final del guion antes de empezar su carrera como director con El Halcón Maltés, no quedó muy satisfecho al ver lo que había hecho Dieterle con el film, pensaba que debieron omitir cualquier aspecto que no estuviera relacionado con los descubrimientos del Dr. Ehrlich y no mostrar su vida familiar.

Robinson, deseoso de alejarse aunque fuera momentáneamente del estereotipo que lo asociaba únicamente con personajes de mala reputación o relacionados de una u otra manera con el crimen, presionó a la Warner para tener el papel protagonista, que en primera instancia se lo ofrecieron a Paul Muni, que tenía como norma no interpretar a ningún judio. Pero esta vez que Muni no quisiera un papel no motivó a Robinson a rechazarlo, como ya había pasado anteriormente, siguió presionando a la Warner y el esfuerzo tuvo su recompensa. También hubo valentía de por medio en todos los involucrados, ya que en esa época un tema como las enfermedades de transmisión sexual era prácticamente tabú y hacer una película sobre ello no es que fuera un plan al que cualquiera se hubiera acercado. Ruth Gordon, la misma que décadas más tarde tendría una participación tan soberbia, con Oscar incluido, en La Semilla del Diablo de Polanski, interpretaba a la esposa del Dr. Ehrlich. Veterana de Broadway, ella y Robinson se respetaban enormemente antes de conocerse en el rodaje de Magic Bullet. A Ruth para empezar no se le ocurrió mejor cosa que echarle en cara a Robinson sus problemas con una frase en los ensayos diciéndole que no entendía que una estrella como él no era capaz de decir esa frase correctamente, se hizo un tenso silencio, todo el mundo sabía del carácter del actor, pero este respondió con una risotada y de hecho él y Gordon acabaron siendo amigos. Al final de uno de los días de rodaje Robinson organizó por su cuenta, y sin que supiera nada Dieterle, un pase para ver escenas con un primer montaje junto a Gordon. Ésta, inocentemente, comentaría con el director al día siguiente lo encantada que estaba con lo que había visto de ese primerizo montaje. Se organizó una buena y Dieterle dijo que nunca había visto un comportamiento tan arrogante como el de Robinson al hacer algo así. Esa era una constante en la vida del actor, a lo largo de los años no dudaría en enfrentarse a colosos como De Mille, Orson Welles o Howard Hawks, también era un verdadero azote para los productores y los estudios donde trabajó, llegando a rechazar guiones para proyectos basados en la vida de Napoleón o Beethoven y exigiendo lo que le pareciera.

Su contenida interpretación en Magic Bullet, que se alejaba bastante del grueso de su trabajo en Hollywood hasta entonces y para la que reconocería tener en mente, en parte, a su propio padre, no le serviría para dejar de ser obviado por la Academia de los Oscars sin tan sólo una nominación. Es cierto que el film de Dieterle tenía ese año como competidoras a grandes películas como Las Uvas De La Ira, Rebeca o Historias De Philadelphia, pero resulta sorprendente que sólo obtuviera una nominación por el guion. El caso de Robinson, al que por supuesto le frustraba año tras año ver como ninguno de sus papeles fueran dignos ni de una sola nominación por la Academia, resulta curioso aunque tampoco demasiado extraño. Su aspecto físico distaba de los típicos galanes hollywoodienses y además toda su carrera fue muy lineal, al no tener altibajos realmente ninguna de sus interpretaciones destacaba demasiado de las otras y por muy brillantes que fueran el poco esfuerzo que aparentemente le suponía interpretar tal vez no era del agrado de los miembros de la Academia. Como diría Billy Wilder sobre los Oscars que se otorgan a los actores, no les quedó más remedio que premiar a Dustin Hoffman por su trabajo en Rain Man, después de todo lo que se esforzó… Tampoco tuvo suerte Robinson con otro de los motivos por el que hizo la película, que era enterrar de una vez a Little Caesar. Pensó que Magic Bullet podría haber sido el vehículo por el cual podría haber cambiado la orientación de los personajes que le ofrecían, pero nada de eso pasó. Como el mismo sabía Little Caesar era demasiado poderoso, algo que le iba a acompañar para siempre.

A raíz de la película una de las hijas de Ehrlich y a su marido fueron a Hollywood para poder encontrarse personalmente con Robinson, querían conocer a quien había llevado a la pantalla al Dr. de una forma tan respetuosa y genial al mismo tiempo y entablaron una buena relación con el actor. De la misma manera la viuda del Dr. Ehrlich mantuvo comunicación por carta con Robinson y le mandó como agradecimiento una de las cartas escritas y firmadas por su marido. Los familiares del Paul Ehrlich destacaban el tremendo parecido que tenía Robinson con el doctor, no sólo por el maquillaje empleado en el film. También ambos tenían una adicción similar por los cigarros, algo que no supuso ningún problema para el actor a la hora de fumar en muchas de las escenas.

Era un época en la que Robinson reconoció estar obsesionado totalmente por el arte. Los lienzos, los catálogos, los museos, los tratos con los marchantes, etc., era prácticamente todo su mundo aparte de Hollywood. Años después reconocería que en esa época desatendía a su hijo y que por mucho que así lo creyera no todo era darle todo lo que el dinero pudiera comprar, se daría cuenta años más tarde que quizás lo que le hizo falta a Edward Jr. fue haber tenido más momentos normales con su padre, lo cual para alguien que formaba parte del entramado hollywoodiense resultaba más que complicado. A los rodajes, con unos horarios extenuantes, le sucedían los estrenos, fiestas a las que había que ir casi por obligación y demás (por no hablar de sus actividades en organizaciones liberales), por lo que el tiempo que tenía para poder estar con su hijo era escaso y en horas habitualmente tarde para los niños. Por otro lado, se consideraba patoso para cualquier tipo de actividad deportiva que pudiera hacer con su hijo, algo que le frustraba y le acomplejaba.

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