LITTLE CAESAR (1931)

Basada en la novela del mismo nombre en Little Caesar nos encontramos a Cesare Enrico Bandello (Edward G. Robinson), matón de baja estofa que está harto de ser un don nadie y quiere largarse del pueblo donde vive junto a su amigo Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.). Su objetivo es la gran ciudad, envidia todo lo que tienen al alcance de la mano los matones en ese entorno y sabe que atracando gasolineras de pueblo no va a llegar a ninguna parte. Una vez en la gran ciudad asciende rápidamente gracias a su astucia y a su ambición, pero comete el error de dejarse llevar por la amistad y dejar vivo a Massara, que quiere dejar la vida delictiva y había sido testigo del asesinato de un comisionado de la policía por Bandello. Al tener al fin la policía un testigo que le puede llevar ante la justicia tiene que dejar su estatus de jefe mafioso y perder todo su poder y dinero conseguido a golpe de pistola. Con la misma velocidad con la que llegó a lo más alto termina peor que al principio teniendo que recluirse en sitios de mala muerte. Decide salir de su escondrijo para enfrentarse a la policía, que hace publicar en la prensa textos que dejan en entredicho el “honor” de Bandello.

Eran unos tiempos en la que el teatro iba perdiendo cada vez más terreno con respecto al cine. Robinson recordaba que desde hacía tiempo gente de Hollywood estaba dispuesta a ofrecer contratos jugosos a los mejores intérpretes de Broadway, empezaba el cine sonoro y muchos de los actores del cine mudo no servían para el nuevo formato. Otro motivo para ese cambio era la pésima economía de la mayoría del público durante esos años, puestos a elegir el cine era mucho más barato como ocio y válvula de escape que asistir a una representación teatral y por mucho que el teatro fuera, en general, superior artísticamente al cine en esa época, los excesivos costes que suponían cada representación encarecían las entradas y ya no podía competir con el cine. Robinson prácticamente odiaba el cine mudo ya que para él la parte más importante de una actuación eran los diálogos, y permanecer delante de una cámara haciendo gestos no era algo que le entusiasmara, así que después de haber participado en algunas películas sonoras y viendo el cambio que suponía además del atractivo económico accedió a firmar por la Warner, teniendo que renunciar a Broadway por la cláusula de exigencia de exclusividad en los contratos con los estudios de Hollywood.

En los inicios del cine sonoro, cuando los medios para grabar las voces no eran demasiado buenos, se requería a los actores que hablaran alto y despacio para que se les pudiera entender perfectamente, a lo que gente como Robinson o James Cagney hacían caso omiso, eran auténticos huracanes y nada podía pararlos, es divertido ver en ciertas películas de los años 30 el contraste entre ese tipo de actores y otros que accedían a esa petición y hablaban como si estuvieran anestesiados. En el aspecto sonoro también resultaba impactante escuchar los disparos en las primeras películas sonoras, otra razón por la que este tipo de films interesaba mucho al público.


Los contratos habituales que tenían los actores en el Hollywood de esos años no permitían de modo alguno negarse a actuar en las películas que se les ofrecieran o a elegir el papel que quisieran hacer, siendo la intención inicial de la Warner que Edward G. Robinson actuara en Little Caesar dando vida a Otero, pero él estaba mucho más interesado en el papel principal de Cesare Enrico Bandello, tenía muy claro que era mucho más atractiva la posibilidad de interpretar al psicótico gángster y no dudó en pelear por ello, llegando a aparecer ante uno de los productores disfrazado de mafioso, con puro incluido, para convencerlo de que él debía ser Rico. Clark Gable hizo una prueba para el papel principal y también fue considerado para dar vida a Joe Massara, no obstante fue rechazado por la Warner debido al tamaño de sus orejas (pensaban que por ese motivo no iba a lograr ser nadie en Hollywood) y eso terminó de dejar el camino libre para Robinson, accediendo la Warner finalmente a sus deseos sin sancionarlo ni suspenderlo, lo cual le hubiera imposibilitado incluso a volver a Broadway durante algún tiempo. No tuvo mal ojo ya que se convertiría en la película y la actuación que le puso en lo más alto de Hollywood. Tampoco se puede decir que se convirtiera en una celebridad de la noche a la mañana, ya era muy famoso en su etapa en Broadway y participar en films como The Hole In The Wall o The Widow From Chicago hicieron que su carrera en Hollywod comenzara a despegar, aunque el tremendo éxito con Little Caesar fue bastante impresionante y el detonante de una carrera que le llevaría a estar entre los actores mejores pagados de su tiempo y con mayor poder en la industria del cine norteamericano. De la importancia de Little Caesar para la carrera de Edward G. Robinson en Hollywood no hay dudas, pero también fue un problema de diversas maneras para el actor, como se dice, una bendición y una maldición. El efecto más inmediato, y puede que hasta divertido, fue que a la hora de visitar casas para vivir en Hollywood no le abrieran la puerta ya que lo identificaban con el matón Bandello. Mucho peor fue que se a raíz de ese film se le encasillara para siempre como gangster en la pantalla grande, un estigma que le persiguió hasta el final, a pesar de que realmente a lo largo de su larga carrera daría vida a muchos personajes totalmente alejados de Little Caesar. Le frustraba que una y otra vez en cualquier intervención pública se le pidiera que repitiera las típicas frases de Bandello aunque hubieran pasado muchos años desde el estreno de la película. En cierta ocasión, y con motivo de un acto de apoyo a las tropas norteamericanas que permanecían en Escocia con motivo de la Segunda Guerra Mundial, el actor había elaborado su actuación, pero cuando se puso delante del micrófono y comenzó a hacer lo que había preparado fue abucheado, la gente quería oír una vez más en boca del mítico actor las clásicas frases de Little Caesar, así que no le quedó más remedio que repetir una vez más las amenazadoras sentencias como “vuelve con esa mujer y te estarás suicidando” o “si mañana no te largas de la ciudad terminarás haciéndolo en una caja de pino”.Aunque en Little Caesar la entonación de Robinson es quizás demasiado nasal sus frases fueron todo un impacto y su influencia dura hasta el día de hoy. Su actuación es una primera muestra de su poder e intensidad en pantalla, en todo momento mantiene el listón muy alto y este film sin su presencia seguramente no habría tenido tanta repercusión. Se rodaron dos versiones de la escena final, en la que vemos a un asesino que después de haber dejado tantas muertes tras él se sorprende de su propio final. En un principio se quiso usar la frase final original del libro “Madre de Dios, ¿es este el final de Rico?”, pero al final y por temor a los problemas que habrían podido tener se cambó el “Madre de Dios” por “Madre misericordiosa”. De todas maneras la mítica frase fue homenajeada y referenciada en muchísimas ocasiones, tal es el caso de la comedia de Billy Wilder, One Two Three, en la que James Cagney, “rival” de Robinson tenía esa frase en un momento del film, de igual forma que en un episodio de Los Soprano, haciendo alusión al personaje Chris Moltisanti. Asimismo la forma de expresarse tan macarrónica de Bandello, también influyó en el cine gangsteril de la época y hasta Billy Cristal llegó a parodiar durante sus actuaciones en directo a Robinson, mezclando sus frases en Los Diez Mandamientos con el acento de Little Caesar, llegando a haber gente convencida de que han oído a Robinson en el film de DeMille hablando como Little Caesar. Otra referencia cercana, o más bien un tributo, está en Sleepers, el personaje mafioso interpretado por Wendell Pierce fue bautizado por su madre, fan del actor, como Edward Goldenberg Robinson, y según ascendía en su carrera delicitiva el personaje se hacía llamar Little Caesar. En Boardwalk Empire hay una especie de tributo, puede que algo más difícil de reconocer, en una de las escenas protagonizadas por Rosetti, personaje que comparte ciertos rasgos con Bandello; en uno de los primeros episodios en que aparece está comiendo espaguetis con café, comer esa curiosa combinación es una de las primeras cosas que vemos hacer a Bandello en Little Caesar. Y hasta en los Simpson hay un episodio donde aparece Robinson enfrentándose al jefe Wiggum acusándole de robarle la forma de hablar y acabando con el jefe de policía de Springfield, desde siempre la voz que Hank Azaria dió a ese personaje estaba basada en los personajes más cercanos a Little Caesar de los que realizó Robinson.La psicología de Bandello es muy interesante y compleja. No parecen interesarle las mujeres, odia el alcohol (aunque finalmente acabe alcoholizado) y hasta el dinero no parece ser su principal objetivo. Quiere el poder, el lujo, el estatus, vivir a lo grande rodeado de todo lo mejor. Tal es su vanidad que no le importa que le fotografíen en público aunque la popularidad pueda acarrearle efectos negativos en el futuro. Ciertas escenas, especialmente algunas que muestran su relación con Otero y el hecho de no querer acabar con Massara debido al afecto que siente hacia él (lo que acaba significando el principio del fin para el gángster), hacen que no sea descabellado pensar que Bandello pueda ser homosexual, aunque el autor de la novela original dejó claro que en su historia Bandello era heterosexual y le molestó que la película sugiriera una sexualidad diferente. Un problema que tuvo Robinson durante el rodaje era la imposibilidad de mantener los ojos abiertos mientras disparaba, aunque no fuera munición de verdad no podía impedir cerrar los ojos cada vez que apretaba el gatillo y a Le Roy se le ocurrió que poner cinta adhesiva en sus párpados solucionaría el contratiempo. Peor fue la escena final, los efectos especiales eran aún muy rudimentarios y para simular que alguien recibía disparos en el cuerpo se le ponía un placa de metal debajo de la ropa para detener los disparos, de fogueo pero peligrosos, los nervios de Robinson le jugaron una mala pasada, la placa se le movió y recibió algún impacto en el abdomen.

Mervyn LeRoy y Edward G. Robinson

A pesar de que ya se llevaban rodando películas desde hacía muchos años sobre la mafia y los gángsters, Little Caesar primero y poco después The Public Enemy con James Cagney y Scarface con Paul Muni, sirven de referencia e influencia para gran parte del cine de gángsters hasta nuestros días y fueron los films que originaron el culto hacia ese tipo de cine. Scorsese hizo que DiCaprio, Walberg y compañía vieran Little Caesar y The Public Enemy antes de empezar a rodar Infiltrados, tal es la importancia que alguien como Scorsese da a esos films. Viéndola en perspectiva y aunque el peso de los años no la han beneficiado en ciertos aspectos el trabajo del director Mervyn LeRoy es destacable y apasionado, y nos encontramos en este film muchos de los elementos que conforman el cine gangsteril, especialmente el basado en mafias italo-americanas: el deseo de poder, la lealtad y la hipocresía juntas de la mano, la dificultad para dejar ese mundo una vez se forma parte de él, la guerra entre bandas, la influencia del amor y las mujeres en los gángsters, etc., aparte de un elemento que siempre han tenido presente directores como Scorsese tal como la religión. LeRoy, al que siempre le gustaba tener buen ambiente en sus rodajes, adoraba a Robinson por su trabajo en Little Caesar y llegaron a participar conjuntamente en tres películas más. Fue un film rodado varios años antes de la llegada del código Hays, aún así la película a partir de cierto momento deja de mostrar actividades delictivas para centrarse en la lucha por el poder y tampoco hay referencias explícitas a la ley seca. No está situada en un sitio específico aunque ciertas similitudes de Bandello con Al Capone hacen suponer que Chicago es el lugar donde transcurre la acción. Se dijo que el propio Capone envió a un espía al rodaje para ser informado de lo que se rodaba, dado que le llegaron noticias de que Rico Bandello estaba basado en el célebre gángster. El film también contó con la presencia, casi testimonial, de la esposa de Robinson, Gladys Lloyd, aunque conseguir trabajo para su mujer de esa manera no era muy del agrado del actor. También el actor fomentaría una gran relación de amistad con Douglas Fairbanks Jr., que nunca tuvo reparos en reconocer la enorme influencia de Robinson en su carrera profesional y la tremenda admiración que sentía también hacia su persona. Robinson decía que Fairbanks Jr. era una auténtico aristócrata y dudaba que alguna familia real ofreciera celebraciones que se pudieran equiparar a las de su amigo en cuanto a tantos diferentes cubiertos, platos, comidas y vinos raros.Que Estados Unidos estuviera en plena época de la depresión quizás explica el por qué de parte del fanatismo del público por esos actores bajitos tipo Robinson o Cagney, que ejemplificaban como teniendo desventajas evidentes podían llegar a lo más alto. Mucha gente se sentía identificada por los personajes que interpretaban en esos años, gente que iba en contra de lo establecido, que querían vivir el sueño americano costara lo que costara en un tiempo en el que salir adelante era muy difícil, y aunque la mayoría de los seguidores de Little Caesar, The Public Enemy y Scarface no optaran por un estilo de vida delictivo, si que ese tipo de películas era una válvula de escape para una sociedad deprimida.Robinson estaba muy lejos de parecerse en algo a esos personajes tan marginales. Si James Cagney había tenido una infancia dura o George Raft había estado estrechamente relacionado con la mafia (se dice que el personaje de Joe Massara en Little Caesar estaba basado en parte en la vida de Raft), Robinson venía de un entorno muy diferente y antes de pensar en dedicarse a actuar quería haber sido rabino o abogado. Como dijo Douglas Fairbanks Jr.: Robinson era un intelectual que interpretaba a tipos duros en la pantalla.

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