MR. WINKLE GOES TO WAR (1944)

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Wilbert Winkle es un cajero de banco en una pequeña ciudad y después de 14 años trabajando está desmotivado y quiere dejarlo para trabajar en algo con lo que pueda tener otro tipo de actividad. Es apocado y no se le respeta, tanto que incluso en el primer intento de dejar el trabajo su jefe no le hace caso. Pero consigue presentar su dimisión, está libre y puede cumplir su sueño de trabajar para sí mismo, y eso es algo que no le gusta nada a su mujer, que piensa que renunciar a su antiguo puesto de trabajo es renunciar a su estatus social, y más cuando Wilbert piensa dedicarse a abrir un negocio propio para arreglar cosas en la cochera de su casa junto a un chaval de un orfanato del que es hermano mayor. Distanciado de su esposa, que le hace dormir en la cochera, recibe una carta del ejército donde se le llama a filas, Winkle piensa que lo rechazarán ya que pasa de los 40 años y no está en forma, pero a pesar de las dificultades en el reconocimiento médico y las pruebas físicas es admitido. Hace la instrucción y dada su experiencia laboral es destinado a realizar trabajos de oficina, lo que le supone un revés ya que no quiere volver a pasar de nuevo por lo que le obligó a dejar el trabajo en el banco. Consigue que le cambien el destino para la reparación de maquinaria en el frente, lo que requiere una preparación más avanzada y exigida físicamente. Termina por superar el entrenamiento y se adapta a la vida militar, no obstante el Ministerio de Defensa decide ofrecer a los mayores de 38 años la posibilidad de de dejar el ejército, a lo que Wilbert se niega ya que se siente muy identificado con lo que hace en ese momento. Así que es enviado al frente en plena guerra con Japón y vuelve a casa hecho un auténtico héroe después de ser pieza clave en una acción en la que superaron a los japoneses.

Dirigida por Alfred E. Green, quien ya coincidió con Robinson en Smart Money, Mr. Winkle Goes To War (en Inglaterra se llamó Arms And The Woman, título también de su primera película de 1922) está a medio camino entre la comedia, el cine bélico propagandístico y película con niño. Si se obvian ciertas incongruencias y se es generoso con lo flojas que son gran parte de las escenas bélicas es un film con momentos correctos pero que adolece totalmente de profundidad y abusa de complaciencia. Lo que sostiene al film es la presencia de Edward G. Robinson en un papel que podría ser la continuación del cándido Jones en The Whole Town’s Talking. Merece la pena ver a Robinson, que por aquel entonces ya tenía 50 años, interpretando a un recluta cuarentón e hipocondríaco, un tipo sin ninguna maldad, tan alejado del estereotipo de tipo duro y enérgico que le hizo tan famoso. No tiene frases geniales, le basta con sus expresiones faciales y su lenguaje corporal para que resulte muy divertido verlo dando vida a un personaje tan apocado y tímido como honesto y bonachón, que tiene que tomar pastillas para todo y al que nadie respeta, principalmente en su decisión de cambiar de trabajo, exceptuando al huérfano del que se ocupa. Las escenas con el muchacho, interpretado por Ted Donaldson, son muy entrañables y naturales, algo que deja en mal lugar al desenlace del film, que debería haber incluido la adopción del chaval por parte de Winkle y su mujer. En cambio la presencia de Ruth Warrick, conocida por Ciudadano Kane, es totalmente olvidable, y es que su personaje, como esposa que piensa más en “el que dirán” que en la felicidad de su marido hasta que al final se da cuenta de su valor, no le ayuda mucho. Robert Mitchum cuenta con una pequeñísima participación, aunque es difícil reconocerle debido al uniforme militar.

La película no tuvo críticas favorables, algo que acrecentaba la ansiedad de Robinson en esos años. Entre las recaídas de los problemas psicológicos de su esposa Gladys y el ir y venir de un colegio a otro de su hijo su vida personal no le resultaba especialmente agradable . El tratamiento para los problemas de su mujer no eran baratos, por lo que debía seguir trabajando como fuera, aceptando participar en films que no consideraba a la altura de su capacidad. Como evasión entre película y película tenía a sus amigos con los que se reunía en clubes privados, en esa época se le veía habitualmente con Jack Benny, los hermanos Marx, George Burns y demás cómicos. Robinson era uno de los pocos artistas no cómicos admitidos entre ellos, aunque él no trataba de rivalizar en ingenio humorístico con ellos, le gustaba su compañía y riéndose se olvidaba momentáneamente de sus dudas sobre su carrera como actor, y tampoco le hacía mal estar de buen humor para afrontar los problemas familiares.

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