THE WHOLE TOWN’S TALKING (1935)

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Arthur Ferguson Jones es un empleado modelo que trabaja para la compañía del Sr. Carpenter. Es el único trabajador de esa empresa que nunca ha llegado tarde, por lo que su jefe da instrucciones para que se le suba el sueldo ordenando al mismo tiempo que se despida al próximo trabajador que llegue tarde para dar ejemplo. Mala suerte para Jones ya que precisamente ese día le falla el despertador y llega a deshora. Como no saben que hacer con él, ya que no pueden darle un aumento y despedirlo al mismo tiempo, despiden a la Srta. Clark, que es la siguiente persona que llega tarde. Jones está enamorado de ella, le manda poesías anónimas pero es tan tímido que no es capaz de declararse. Clark ve en el periódico la noticia de que el enemigo público Manion ha huido de la cárcel y se sorprende con el tremendo parecido que tiene el gángster en la foto del periódico con Jones, algo que resulta más que evidente. Jonesy y Clark se encuentran durante el almuerzo en un restaurante y alguien que cree ver a Manion avisa a la policía. Se llevan a Jones a la comisaría pero se dan cuenta por las huellas digitales de que no es el famoso criminal. No saben que hacer con él, si le sueltan va a tardar poco en tener problemas de nuevo ya que se busca a Manion por todo el país. La policía piensa en acomodarlo en una celda hasta que den con el criminal pero finalmente se deciden a darle un salvoconducto que le sirva para seguir con su vida habitual. La noticia sale en la prensa y Manion ve la oportunidad de hacerse con ese pasaporte para continuar con sus faenas, así que se cuela en la casa de Jones y le fuerza a compartirlo.

Después de rechazar varios proyectos y de haber tensado demasiado la cuerda demandando mejores proyectos que lo últimos films en los que había trabajado Edward G. Robinson fue suspendido por la Warner. Con el tren de vida que llevaba el actor y su familia estar sin nómina no era buen asunto. Se había mudado por esa época a una enorme mansión de tres plantas, su mujer no reparaba en gastos extravagantes y también estaba el añadido de la niñera de Edward Jr., aunque por otra parte Robinson seguía conservando parte de su pragmatismo: su nueva casa no tenía piscina ya que nadar no era una de sus aficiones y veía absurdo tener algo que no iba a usar. Pasaron meses y se buscó como solución que fuera cedido a Columbia Pictures para trabajar en Pasaporte A La Fama de John Ford. Se dice que el director la hizo por encargo. Ciertamente el grueso de la carrera del genial director no tiene mucho que ver con comedias con gángsters de por medio, pero no se puede decir que se trate de un trabajo flojo,es una muy buena película, muy divertida y con una realización muy ágil y con situaciones rocambolescas. El guion es bastante absurdo, pero claro, esa es una de las claves del éxito de una buena comedia. El actor cobró lo estipulado en su contrato con la Warner aunque sospechó que en la cesión a Columbia Pictures seguramente su estudio sacara partido a su costa. El guion se basó en un relato de W.R. Burnett, autor también de Little Caesar, y fue el reencuentro de Robinson con el guionista Jo Swerling, coautor junto al actor de The Kibitzer, una obra de teatro de los años 20 y la única ocasión en la que Robinson firmaría como autor. En aquella ocasión la relación entre ambos terminó de mala manera, pero eso no impidió que ambos pudieran volver a trabajar juntos en Pasaporte A La Fama.

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Robinson con su doble papel tiene tiempo para mostrar su clásico lado gángster al estilo Little Caesar, tan amenazador, tosco y malvado como de costumbre, que irrumpe avanzada la película de manera portentosa. Ver su perversa mirada entre las sombras como carta de presentación es inquietante. Manion es un personaje dominante, mezquino y calculador al que Robinson le da toda su fuerza habitual. Pero donde sorprende el actor es interpretando al sumiso y patoso pero entrañable Jonesy. Si anteriormente había hecho papeles cercanos a la comedia, siempre desde el lado del tipo duro, en Pasaporte A La Fama le vemos haciéndolo interpretando a un personaje realmente apocado y de lo más inocente. Y hay que decir que lo borda. Los momentos cómicos de Jonesy son de lo mejor de la película. Un personaje que pide perdón hasta cuando lo humillan. Ver a un experto fumador de cigarros como Robinson manejando tan torpemente un Habano es hilarante, y su reacción después de, seguramente, sus primeros tragos de whisky es uno de los momentos más divertidos de toda su carrera. Tampoco se puede olvidar su escena manejando patosamente una ametralladora. No es muy difícil percibir que Robinson se sintió muy a gusto encarnando a un tipo tan diferente del estereotipo gangsteril y trabajando con un director como Ford, también se deshizo en elogios hacia Jean Arthur, a la que consideró un soplo de aire fresco en el panorama de Hollywood por esa época, antes de convertirse en una estrella de la mano de Frank Capra. En Pasaporte A La Fama la actriz está brillante y locuaz durante toda la película. De hecho todo el reparto está a un muy buen nivel, incluso los personajes más secundarios están perfectos. Por motivos como ese a alguien como John Ford se le tiene en un altar, incluso en una película menor de su filmografía casi todo encaja a la perfección, aunque tampoco se puede negar que el final puede resultar demasiado acelerado, con situaciones que quizás necesitaban algo más de desarrollo.

No sólo la película tuvo buenas críticas y recaudación, también al propio Robinson, y aunque fuera por una vez, le encantó la película, incluso teniendo que recurrir de nuevo a ser, en parte del metraje, el gángster que tanto le dio por mucho que él estuviera harto de estar encasillado en ese tipo de papeles y que era el origen de sus problemas con Warner Brothers. Era tanto el respeto y admiración que sentía el actor por Ford que no le dolió reconocer que encontró en el director a la horma de su zapato a la hora de demandar cambios en ciertas escenas. Robinson reconoció que muchas de las disputas que pudo tener con directores o productores a lo largo de su carrera podrían estar motivadas por el ego, pero Ford era un duro hueso al que nadie podía manejar a su antojo, y Robinson tampoco pudo hacerlo. Admiraba que Ford no sólo imponía siempre su criterio, lo hacía explicando por qué tenía razón y en que se equivocaba su contrincante. Se rumoreó con la posibilidad de que Robinson fuera nominado a los Oscars por esta película, algo que finalmente no se produjo para alegría de la Warner. La idea de que una de sus estrellas ganara una estatuilla por un trabajo realizado en otro estudio era algo que no iba a suceder si ellos pudieran evitarlo.

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Una respuesta a THE WHOLE TOWN’S TALKING (1935)

  1. I’m behind on my reading, but I’m catching up! Haven’t seen this one yet, but if Robinson was supposedly so good in it, I need to check it out! Thanks for the post.

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