A LADY TO LOVE (1930)

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A Lady To Love  está basada en la obra They Knew What They Wanted y no sería ni la primera ni la última vez que fue llevada a la pantalla grande, siendo tal vez la adaptación cinematográfica más conocida la realizada en 1940, llevando el título de la obra original y con Charles Laughton y Carole Lombard como protagonistas de la mano del director Garson Kanin. Esta versión de 1930 fue dirigida por el director sueco Victor Sjöström, rodándose al mismo tiempo la versión en alemán de la película con el mismo reparto y llevando el nombre de Die Sehnsucht jeder Frau. La historia es la de Tony (Edward -G. Robinson), un viticultor soltero entrado en años que desea fervientemente casarse, que viaja hasta San Francisco para tratar de conocer a alguna mujer a la que pueda pedir matrimonio. Se fija en una camarera, Lena (Vilma Bánky), con la que apenas ha intercambiado unas palabras pero consigue su dirección y de vuelta a sus tierras le manda por correo una proposición de matrimonio. Como tiene muchas dudas de que Lena vaya a aceptar de buenas a primeras casarse con él, mayor y de físico vulgar, prefiere incluir una foto de Buck (Robert Ames), capataz de sus viñedos, más joven y atractivo que Tony. Lena, que acepta la proposición y viaja para encontrarse con Tony, al llegar a la estación de ferrocarril se encuentra con que no hay nadie esperándola, no sabe que Tony ha sufrido un accidente de camino a encontrarse con ella, pero decide ir hasta la casa del viticultor y se encuentra con Buck, que no sabe nada de que Tony había mandado su foto para convencerla. Las dos partes descubren la mentira de Tony pero Lena, que de haber recibido la foto verdadera no hubiera hecho el viaje, vive una situación desesperada y decide seguir adelante con con la boda. Una vez casada y al tratar con un convaleciente Tony se enamora de él.

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Con la depresión azotando a los Estados Unidos los actores de Broadway se encontraban con que el número de obras  que se representaban en su medio de vida disminuía constantemente, no era fácil ver que estaban perdiendo la batalla frente al cine como válvula de escape, entre otras cosas porque era mucho más barato para el espectador que cualquier obra que se representara en Broadway. En los comienzos del cine sonoro algunos actores decidieron ir a probar suerte a Hollywood, que buscaba intérpretes con buena dicción en vista de que muchos de los actores del cine mudo no se adaptaban al sonoro o porque las voces no encajaban con la personalidad de los actores. Además, el dinero que podía ganar una de las estrellas de Broadway era poca cosa comparada con lo que se cobraba en Hollywood, por lo que Edward G. Robinson decidió volver a Hollywood a pesar de que sus experiencias cinematográficas anteriores no le habían maravillado y lo duro que le resultó dejar a su mujer en Nueva York. La primera de las películas que hizo en esa etapa fue The Night Ride en la Universal, dirigida por John S. Robertson, quien ya había seleccionado a Robinson en la que fue su anterior película, The Bright Shawl de 1923.  En The Night Ride, que protagonizaría su amigo Joseph Schildkraut, actuaría de nuevo dando vida a un gángster. Fue una actuación con la que tuvo buenas críticas, por lo que sus reticencias sobre hacer películas y ese tipo de personajes acabaron en un segundo plano, más aún cuando Irving Thalber, el chico maravilla de Metro Goldwyn Mayer, se fijó en él para A Lady To Love. El guion le encantó a Robinson, que de alguna forma se sentía identificado con parte del personaje que interpretaría. Pero el rodaje sería otra cosa. La nula experiencia de Vilma Bánky en el cine sonoro y la inseguridad del director le crispaban los nervios y el actor no estuvo muy lejos de abandonar el rodaje. Uno de los pocos aspectos positivos fue que tenía que fumar delante de la cámara, pero fue un rodaje que le confirmó que se sentía mucho mejor sobre las tablas. También sacaría en claro que en el montaje de un film unos cuantos de tijeretazos aquí y allá podían salvar incluso una actuación como la de Bánky. A pesar de las pegas de Robinson no se puede decir que la película sea excesivamente mala, de hecho está a un nivel similar a la versión realizada en 1940. Para desconcierto de Robinson el film tuvo bastante éxito y su interpretación fue bien acogida por la crítica, que ya le empezaba a destacar como un actor refinado que llamaba la atención por su forma de apoderarse de la pantalla. Lo cierto es que su personaje es un hombre realmente lastimoso e irritante, que no siente mucha simpatía por el agua, ya sea para beber o para darse un baño, y Robinson sabe sacar partido a todo eso añadiéndole toques de humor y un acento italiano tan cómico como exagerado.

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