NEVER A DULL MOMENT (1968)

301598.1020.A Jack Albany (Dick Van Dyke) es un actor que, al salir del estudio donde se estaba rodando un episodio de una vulgar serie televisiva, es confundido con Ace Williams (Jack Elam), un peligrosísimo asesino a sueldo al que han asaltado cuando iba de camino al encuentro de Joe Smooth (Edward G. Robinson), gángster de avanzada edad que había contratado al sicario y planea el robo de una famosísima obra de arte de un museo para poner su nombre a la altura de Al Capone o Dillinger. Jack, para evitar problemas, se ve obligado a hacerse pasar por el asesino y es llevado ante el gángster, que se ha rodeado de sus hombres de confianza para llevar a cabo el elaborado plan. Smooth es asimismo una aficionado al arte y recibe clases de Sally Inwood (Dorothy Provine), a la que, después de ver accidentalmente parte del plan, retienen en la casa del gángster para que no pueda avisar a la policía junto al resto de la banda. Los problemas para Jack y Sally se acrecientan debido a la irrupción en escena del auténtico Ace Williams.  

Film de la Disney, con todo lo que conlleva, que supondría la última actuación de Edward G. Robinson como gángster. Ni Un Momento De Respiro, que en cierta forma es fiel a su título, es una divertida comedia pero poco más, que tiene sus buenos momentos y otros que dejan mucho que desear. Lo mejor son las actuaciones, la mayoría muy divertidas, como esos mafiosos interpretados tan caricaturéscamente por Henry Silva o Jack Elam. Tampoco está nada mal Dorothy Provine como apoyo a un correcto Van Dyke, a pesar de la reiteración de los gestos de la estrella de Mary Poppins. Robinson, que a pesar de su edad estaba en un época de mucha actividad cinematográfica, resulta muy divertido durante toda la película. A pesar de tener que meterse en la piel de un gángster una vez más seguro que pudo disfrutar haciendo una comedia, era algo que le hubiera gustado hacer mucha más veces, y tampoco le disgustaría que su personaje en esta película fuera un aficionado al arte. Muy buena la escena donde es instruido por su profesora en el expresionismo abstracto. Ni Un Momento De Respiro no es un film fundamental, pero si sirve para comprobar que a pesar de que Robinson podría estar en sus últimos años de vida, su talento y su fuerza como intérprete seguían intactos, resultando tan brillante como décadas atrás. Su sola presencia hace interesante hasta una película con tendencia a lo mediocre como esta.

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