OPERAZIONE SAN PIETRO (1967)

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Unos delincuentes intentan el atraco a un banco haciendo una excavaciones subterráneas, pero a donde llegan es hasta una celda de una cárcel donde Napoleone (Lando Buzzaca) aprovecha para fugarse unirse al grupo. Napoleone, que tiene un alto concepto de si mismo aunque fracasa lamentablemente hasta en los robos más ridículos, convence a la banda de que tienen que ir a Roma, lugar donde abunda el turismo y la oportunidad para continuar con sus fechorías. Allí se encuentran con Cajella (Jean-Claude Brialy), gigoló de medio pelo que se dedica a sacar unos cuantos dólares a las norteamericanas con las que se encuentra en los garitos nocturnos de Roma que acoge a los rateros recién llegados. Cajella cree seducir a Samantha (Uta Levka), pero en realidad ella lo quiere para un plan que lleva junto a Joe Ventura para el robo de unas joyas, algo que se echa a perder por los trastornos mentales del viejo gángster. Pero a Napoleone y al resto se les ocurre que pueden robar La Piedad de Miguel Ángel de la Basílica de San Pedro en el Vaticano con objeto de venderla. El robo de la famosa estatua les resulta extremadamente fácil por las nulas medidas de seguridad. Samantha y Ventura, al tener dificultades con su plan original se enteran por Cajella y se interesan ya que saben que hay quien puede pagar millones de dólares por la estatua, y se aprovechan de la ausencia de Napoleone para comprarsela a los otros rateros por cuarenta dólares y una olla de espaguetis. Por parte del Vaticano el cardenal Braun (Heinz Rühmann) se pone manos a la obra para el intento de recuperar La Piedad sin notificarlo a las autoridades (para evitar la mala publicidad), contando con un sorprendente despliegue de todas las diferentes órdenes religiosas del país.

Último film de su etapa en el cine europeo y de nuevo con Robinson metiéndose en la piel de cerebro de una banda que intenta llevar a cabo operaciones delictivas. El hecho de hacer esa serie de películas producidas principalmente en Italia en una época realmente atareada le sirvió para mantenerse ocupado después de unos problemas de salud. A pesar de la que la calidad de todas esas películas no fuera muy alta, Robinson, además de continuar trabajando, disfrutaba de sus estancias en Europa, donde podía dedicarse a visitar museos en su tiempo libre. Si en esos años era bastante popular en Italia no se puede decir menos de los Estados Unidos, su sobrina Beulah Goldberg recordaba como cada vez que le acompañaba a algún sitio público americano era inevitable tener formado rápidamente un grupo de caza-autógrafos, a los que Robinson solía atender sin quejarse. 

Operazione San Pietro, que no se llegó a estrenar en los cines de Estados Unidos y fue emitida directamente por televisión, fue dirigida por Lucio Fulci, mucho antes de que el director italiano se convirtiera en una leyenda del giallo primero y más tarde del gore. Realmente no creo que el propio Fulci le tenga mucho aprecio a este film, además, durante el rodaje acosó sexualmente a la bella Uta Levka, se coló en la habitación de hotel de la alemana un noche y se metió en su cama, pero Levka lo mandó a paseo, algo que no le sentó nada bien al director. A raiz de la negativa de la actriz se dedicó a hacerle la vida imposible al día siguiente durante el rodaje de unas escenas, hasta que ella se hartó y contó lo que sucedió la noche anterior.

El primer contacto que tuve con este film fue a través de unas escenas sueltas y no es que se pueda decir que me causara una buena impresión. Lo poco que vi de Robinson me parecía simple y llanamente un insulto para quienes le admiramos, así de claro. Pero al tener ocasión de ver toda la película completa mi opinión no es la misma. Es una película chabacana, con un humor mayormente burdo y una banda sonora hortera y molesta, pero tampoco se puede decir que sea una completa basura. Se deja ver aunque ciertamente no sea extremadamente difícil encontrar algo mejor que hacer. Y el trabajo de Robinson, al verlo en conjunto, me parece mucho más digno y respetable que al haberlo hecho sólo con las escenas más histriónicas inicialmente. Es una vuelta de tuerca más a Little Caesar casi cuarenta años después, un Rico Bandello que consigue llegar a anciano pero arrastra trastornos psicológicos. Aquí se puede disfrutar de Robinson aunque uno hubiera deseado que en su periplo de coproducciones europeas hubiera caído en otras manos y no en este tipo de films que ya estaban desfasados al poco de su estreno. Otro punto negativo está en que no se puede oír la voz original de Robinson, su voz fue doblada por un actor italiano. Y interesante ver a Heinz Rühmann, genial protagonista de la mítica El Cebo, en el papel de obispo. Lástima que gente del talento de Robinson y Rühmann no hubieran podido rodearse de gente de su nivel en una producción como esta.

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