NIGHT GALLERY – THE MESSIAH ON MOTT STREET (1971)

MESSIAH-ON-MOTT-STREET

En The Messiah On Mott Street asistimos a las dificultades de Mikey Goldman (Ricky Powell), un chico huérfano que vive en un humilde barrio neoyorquino junto a su abuelo Abraham (Edward G. Robinson). Aquejado por su avanzada edad, las secuelas de una tuberculosis, la pobreza y el duro invierno el anciano se resiste a morir, él es lo único que le queda al joven Mikey y quiere seguir viviendo hasta que su nieto pueda valerse por sí mismo y no depender de orfanatos. El Dr. Levine (Tony Roberts), hijo de uno de los mejores amigos de Abraham, atiende gratuitamente al anciano sorprendido de su capacidad de resistencia a abandonar este mundo a pesar de su horrible estado de salud. El anciano empeora constantemente y después de quedarse solo en su habitación recibe la visita de la muerte, pero su deseo por seguir viviendo es demasiado fuerte y logra ahuyentarla después de un primer enfrentamiento. Debido al revuelo y para tranquilizar a Mikey le dice que quien había ido a visitarlo era el Mesías, que volverá más adelante para solucionarlo todo. Pero Mikey, que ve que su abuelo está cada vez peor de salud, no duda en salir a la calle para buscar al Mesías, encontrando a Buckner (Yaphet Kotto), hombre que cree que se ajusta a la descripción física del salvador dada por su abuelo.

The Messiah On Mott Street, que formaba parte con The Painted Mirror del episodio 13 de la segunda temporada de Rod Serling’s Night Gallery y recibió una nominación a los Emmy, sería la última participación como actor de Edward G. Robinson en televisión. A pesar de sus años y del limitado campo de acción de su personaje, postrado en cama en todo momento, Robinson tiene una gran actuación en este episodio de Galería Nocturna. Tan enérgico y tan humano como siempre en su interpretación de un hombre que se encara con la muerte, Robinson encaja como un guante en una producción tan fantasiosa como esta. Una de las anécdotas del rodaje fue que el actor se negó a emplear el típico acento judío de Nueva York durante su actuación, llevaba toda la vida tratando de quitárselo de encima y aunque hubiera resultado interesante poder escucharle como estaba previsto lo cierto es que su voz y su entonación ya justifican el visionado de esta historia, aunque su actuación no fue muy del agrado de Don Taylor, director del episodio, que reconoció que a pesar del buen ambiente que Robinson propiciaba en el plató algunas escenas resultaron un tanto problemáticas de realizar. Tony Roberts recordaba la experiencia de forma muy diferente, para alguien que tenía a Robinson como uno de sus actores favoritos no sólo fue muy emocionante estar simplemente junto a él, también guarda buenos recuerdos por la brillantez del trabajo y la tremenda humildad de Robinson, quien le confesó que seguía poniéndose nervioso al iniciar un rodaje ya que temía que lo fueran a despedir. En declaraciones hechas durante la época Robinson negaba que tuviera intención de retirarse nunca, que se sentía cómodo con su trabajo y con su estatus como leyenda. Durante esa época realizó una visita a su Rumanía natal y falleció su primera esposa Gladys de un ataque al corazón. A pesar de lo problemático que resultó su primer matrimonio y de las consecuencias del divorcio Robinson lloró amargamente en el entierro de su primera mujer.

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