DESTROYER (1943)

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Steve Boleslawski, Boley, retirado de la fuerza naval norteamericana y soldador, trabaja en la construcción del barco destructor John Paul Jones II y consigue volver al servicio activo cuando el barco está finalizado, pero para conseguirlo ha hecho uso de sus influencias pasando por encima de Mickey Donohue (Glenn Ford), un joven y valioso oficial que en un principio tenía que ejercer las funciones de Boley a bordo del destructor. Durante una fiesta de la armada Mickey conoce a Mary (Marguerite Chapman), la hija de Boley. El joven oficial se siente muy atraido por ella, lo que acrecienta la rivalidad entre los dos marinos, que va aún a más cuando Boley demuestra sus dificultades para adaptarse a las nuevas técnicas empleadas en los destructores en la Segunda Guerra Mundial y a su obcecación por el John Paul Jones II, conseguiendo que lo degraden y a tener que estar bajo las órdenes de Mickey, que sólo lo aguanta en el destructor para contentar a Mary, con la que planea casarse sin que Boley tenga conocimiento. Por otra parte las pruebas realizadas al John Paul Jones II resultan un desastre, quedando el barco destinado a servicios de correo postal únicamente, por lo que la moral de la tripulación queda por los suelos al no poder ver cumplido su sueño de enfrentarse a los japoneses en el Pacífico.

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Instrumento propagandístico en forma de película del ejército norteamericano en su época. Otras estrellas de Hollywood participaron activamente en esa guerra, para otros como Robinson, ya bien entrado en edad, esta era la forma de apoyar a la milicia. Propaganda o no lo malo de la película es que no llega a funcionar, aunque técnicamente esté correctamente ejecutada. La trama está muy forzada y parte de las situaciones metidas con calzador, no llega a ser una película terrible pero sí con bastantes momentos olvidables y desangelados. Ni siquiera dos actores como Edward G. Robinson y Glenn Ford pueden hacer mucho para conseguir algún momento memorable. Son actuaciones algo sobrecargadas, especialmente la de Robinson, cuyo personaje, aún siendo el principal, es un tanto vacío. Lo que funcionó en tantas y tantas películas aquí no lo hace, por mucho que Robinson se pudiera haber esforzado por darle credibilidad a su personaje. No ayudan unos diálogos no demasiado brillantes y  la reiteración en un comportamiento tan vehemente por parte de Boley que raya en lo absurdo en ciertos momentos. Todo queda en un intento de hacer algo alentador quedándose a medio camino, y ni siquiera la charla supuestamente emotiva que Robinson da a los marinos para que no abandonen el barco destructor tiene el efecto deseado. Con todo, algunas de las pocas escenas bélicas son interesantes y hay algún momento cercano a la comedia que funciona, especialmente por parte del personaje de Edgar Buchanan, aunque por reiterativo pueda llegar a cansar.

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Una respuesta a DESTROYER (1943)

  1. Addison de Witt dijo:

    No la he visto pero me he hecho con ella, este fin de semana cae…

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