THE WIDOW FROM CHICAGO (1930)

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Polly Henderson (Alice White) presencia como acribillan a su hermano a balazos delante de su vivienda. El fallecido, Jimmy (Harold Goodwin), era un detective de la ciudad de Nueva York que intentaba infiltrarse en la banda del mafioso Dominic (Edward G. Robinson) suplantando a Swifty Dorgan (Neil Hamilton), al que se da por muerto después de haber saltado de un tren en marcha huyendo de la policía. Polly, para vengarse de su hermano, se presenta en la sala de fiestas de Dominic, se hace pasar por la viuda de Dorgan y consigue un trabajo allí. Ella quiere conseguir pruebas que incriminen a Dominic en el asesinato de su hermano, pero todo cambia cuando el mafioso recibe la visita de Dorgan, algo con lo que no contaba Polly, pero él extrañamente decide seguirle el juego a Polly, y la pareja termina por enamorarse. De todas formas el astuto y violento Dominic sospecha que Polly oculta algo y no ceja en su empeño de descubrir lo que realmente trama.

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The Widow From Chicago, dirigida por Edward F. Cline, supone el debut de Edward G. Robinson en Warner Bros. Por la temática del film, su personaje o el vestuario esta película podría pasar por un entrenamiento para la siguiente y mítica Little Caesar, aunque eso no signifique que su predecesora sea algo más que una curiosidad, con un guión muy poco creíble, con agujeros, y una puesta en escena de la que prácticamente sólo se salva Robinson, que de todas formas ya da muestras de lo que iba a ofrecer posteriormente. Aunque aquí no haya nada que sea equiparable a la película firmada por Mervyn LeRoy, y es que la mayoría de las escenas y sus diálogos son algo insustanciales, si que es interesante observar en acción a un actor que iba a definir un género con su forma de actuar.

Para Robinson The Widow From Chicago fue una pobre forma de empezar su andadura en Warner, y a pesar del relativo éxito que obtuvo el film y del excepcional trato que le daba su estudio sentía que jamás iba a poder disfrutar trabajando en el cine. No sólo la labor del director y de Alice White le parecieron poca cosa, odiaba verse en lo que se iba filmando día a día. También el hecho de tener que interpretar a un tipo como Dominic le sacaba de quicio, un papel que no se alejaba mucho de su gran éxito en Broadway con The Racket, una obra que él reconoció que le cambió su vida al darle la idea a mucha gente de su capacidad para meterse en la piel de criminales. Robinson y su mujer seguían sin deshacerse de su vivienda neoyorquina y a pesar del estupendo contrato que ligaba al actor con Warner todavía no se sentían cómodos en Hollywood. En la primera época vivían de alquiler y Robinson, aún sin carnet de conducir, iba en taxi a los estudios de Warner.

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