I AM THE LAW (1938)

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El profesor de derecho John Lindsay (Edward G. Robinson) no ve mejor cosa en el inicio de su año sabático obligatorio que aceptar el puesto de fiscal del distrito en vista de la oleada de extorsiones que sufren los comerciantes por parte de bandas de mafiosos que venden “protección”. Uno de sus valedores es Eugene Ferguson (Otto Kruger), concejal que también forma parte del entramado criminal de la ciudad y que ve a Lindsay el fiscal ideal, por su total inexperiencia, para poder manejarlo a su antojo. Paul (John Beal) es hijo del concejal Ferguson, uno de los ex-alumnos más brillantes de Lindsay, que ignora las actividades delictivas de su padre y que acepta trabajar con su mentor para tratar de ayudar a erradicar el crimen. A pesar de la ayuda que recibe el nuevo fiscal por parte de Frankie Ballou (Wendy Barrie), relacionada con las extorsiones y más interesada en quitarse de encima a una banda rival, los primeros pasos de Lindsay son inocuos, debido a su bisoñez y a un equipo de funcionarios entre los que hay informadores que llevan a la muerte a un testigo que estaba dispuesto a delatar a sus extorsionadores, lo que hace que Lindsay sea despedido de su cargo. Pero el profesor quiere seguir con su misión y para ello convence a muchos de sus ex-alumnos para que le ayuden a acabar con los gángsters que aterrorizan a los comerciantes de la ciudad.

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Nuevo intento para Robinson, esta vez en Columbia Pictures, para tratar de deshacerse de su pasado como gángster de Hollywood en una película entretenida e hilarante a partes iguales. Aceptando un guión que se acerca con asiduidad a lo absurdo, incluyendo discursos forzados en algunos casos, lo cierto es que I Am The Law funciona en parte, y mucha culpa la tiene un muy buen reparto, y es que el buen hacer de Robinson, Kruger, Barbara O’Neil o Wendy Barrie (por no hablar de la participación del simpático Asta, el perro que compartía protagonismo con William Powell y Mirna Loy en la estupenda serie de películas de The Thin Man) se basta para dar interés a una película que transcurre rápido, pero que con la misma velocidad cae en el olvido al carecer de momentos especialmente brillantes. Si algo puede perdurar en la memoria, aparte del excesivo homenaje a la falta de continuidad en gran parte del metraje, es la escena de Robinson bailando The Big Apple y otra en la que le da una buena paliza a tres mafiosos, uno detrás de otro, una escena muy física que no puede tomarse muy en serio. Por lo demás, Robinson está al borde de la sobreactuación en algunas de las arengas que suelta a sus ex-alumnos, pero completa una actuación bastante decente, en la que quizás sus mejores y más naturales momentos son los que comparte con Barbara O’Neil.

Poco después de terminar el rodaje de I Am The Law Edward G. Robinson se fue junto a su mujer de vacaciones a Méjico, donde pudo conocer al pintor Diego Rivera, artista al que Robinson seguía desde hacía tiempo. No sólo pudo hacerle una visita y comprarle directamente algunas de sus obras, Rivera también le ofreció la oportunidad de conocer a León Trotsky, exiliado político por aquel entonces en Méjico y con el que Robinson tuvo ocasión de conversar por horas e intercambiar autógrafos, después de ser llevado junto a su mujer a la vivienda del revolucionario por una enrevesada ruta por la que llegaron a una zona que estaba en realidad muy cerca del hogar de Diego Rivera. Trotsky se mostró como un admirador de Robinson, entre otras estrellas cinematográficas, y este se encargó de hacerle llegar copias de algunas de sus películas y otros títulos de Hollywood. De todas formas, su encuentro con un personaje tan histórico también ayudó a poner más distancia con su esposa, que no llevaba muy bien estar a la sombra de una estrella como Robinson, y escribió un artículo un tanto frívolo para la revista Script, en el que ignoraba cualquier referencia a su marido, dando a entender en que era suyo todo el mérito del encuentro.

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2 respuestas a I AM THE LAW (1938)

  1. Addison de Witt dijo:

    Genial y entretenida pelicula que hace mucho que no veo y que me has despertado el mono. Desconocia el episodio de Mexico y Diego Rivera (tipo culto Edward G) y Trotsky. Interesante como siempre estos articulos sobre nuestro admirado EGR.
    Saludos

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