FLESH AND FANTASY (1943)

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Dos amigos se reúnen en un club, uno de ellos está muy preocupado por un sueño que ha tenido, por lo que el otro decide contarle tres historias relacionadas con su problema. En una de ellas, Henrietta (Betty Field), una amargada y poco atractiva solterona que pasa desapercibida entre los hombres es convencida por un vendedor de disfraces para que oculte su rostro con una máscara en el Mardi Gras de Nueva Orleans y así compruebe si con su rostro escondido puede atraer a Michael (Robert Cummings), el hombre que desea. Otra de las historias sucede en Londres, donde Marshall Tyler (Edward G. Robinson) tiene un encuentro con el vidente Septimus Podger (Thomas Mitchell), que leyéndole la mano ve que va a cometer un asesinato, algo que Tyler en un principio encaja con mucho escepticismo, aunque en vista de los aciertos del vidente no tarda en obsesionarse con el asunto y trata de precipitar los acontecimientos. El relato final tiene como protagonista a Paul Gaspar (Charles Boyer), un equilibrista que hace sus números sobre un cable sin contar con red de seguridad. Gaspar tiene un sueño en el que durante una de sus actuaciones cae y en el que aparece entre el público una mujer desconocida. Días después y durante un trayecto en barco se encuentra con la desconocida, Joan Stanley (Barbara Stanwyck), lo que le hace preocuparse y plantearse sus actuaciones.

faf01Flesh And Fantasy es otra película dividida en varias historias dirigida por el francés Julien Duvivier, como ya hiciera con Tales Of Manhattan. En esta ocasión, los sueños, la videncia y las supersticiones son el nexo en común de las tres historias. Producida por Charles Boyer, que también actúa en el último de los episodios, no tiene un reparto tan deslumbrante como la Tales Of Manhattan, pero el resultado es bastante digno, a pesar de lo floja que es la primera parte. Es la segunda historia, basada en un relato de Oscar Wilde, Lord Arthur Savile’s Crime, la más interesante y atractiva de las tres que componen esta película. No sólo merece la pena por ver a dos colosos del nivel de Edward G. Robinson y Thomas Mitchell interactuando, también es una buena historia que funciona bastante bien. Es todo un aliciente ver a Robinson dialogando con su lado perverso en unas escenas que quizás sean lo mejor del film y en las que no falta un morboso sentido del humor. El final de esta historia dista mucho de la original de Oscar Wilde, añadiéndole mayor dramatismo.

Por otra parte, la primera de las historias, con Robert Cummings y Betty Field en los carnavales de Nueva Orleans no aporta mucho y se queda en un ejercicio bastante pueril. Otra cosa es la última, no tan interesante como la segunda pero merece la pena aunque sea por ver a Barbara Stanwyck y a Charles Boyer, que interpreta a un equilibrista que camina por un cable simulando estar borracho.

 

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