A BOY TEN FEET TALL (SAMMY GOING SOUTH) (1963)

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Sammy Hartland (Fergus McClelland) es un chico británico que se encuentra junto a sus padres en Puerto Saíd cuando estalla la Guerra del Sinaí. El chaval pierde a sus padres en un bombardeo británico y ve como sus antiguos amigos egipcios se vuelven contra él por el conflicto bélico con su país de origen. Sammy tiene tiene un idea algo vaga de que en Durban, Sudáfrica, tiene una tía, rica y dueña de un hotel, por lo que decide poner rumbo para encontrarse con ella. Sin tener dinero alguno debe emprender el inicio de itinerario a pie, sin saber que realmente tiene siete mil kilómetros que le separan de su destino. Por el camino se va encontrando compañeros de viaje, algunos interesados en poder sacar beneficio económico aunque también se encuentra con gente que se preocupa por su situación y que se encariña con él, tal vez demasiado, ya que una turista americana pretende llevárselo a vivir con ella. Pero Sammy quiere seguir su viaje a pie hacia el sur y aprovecha un descuido para huir y poner rumbo a Sudáfrica de nuevo. Algo más cerca de su destino se encuentra con Cocky Wainwright (Edward G. Robinson), anciano que comercia con diamantes de forma ilegal y que no duda en dar cobijo a Sammy, que se encariña con el anciano ya que es el primer desconocido con el que se encuentra camino de su objetivo y que parece respetarle y entenderle. Pasan lo días y Sammy, después de varias experiencias junto al anciano que le fascinan, decide que quiere quedarse con Cocky una temporada, pero el anciano, a pesar de que se ve en cierta forma reflejado en el chico, es buscado por las autoridades por sus minas ilegales y ve como la presencia de Sammy supone que el cerco de los enemigos que andan detrás de él se estreche todavía más, ya que, como le informan, la policía local sabe de que el paradero del chico coincide con el suyo y que están intentando encontrarle.

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Sammy Va Hacia El Sur es una estupenda película de aventuras que trata del coraje de un chico que debe reaccionar al perder a su familia y ver el peligro de su situación personal en un país que está en guerra con Inglaterra. Es un film que dice mucho de la variedad de registros de su director, Alexander Mackendrick, autor también de Chantaje en Broadway, El Quinteto de la Muerte o El Hombre Vestido de Blanco, que conforman junto a otras una corta pero notable trayectoria como realizador. A pesar de lo aparatoso de rodar en África lo más complicado de la película fue causado por un ataque al corazón que casi acabó con la vida de Edward G. Robinson durante el rodaje en Kenia. Las condiciones climatológicas africanas fueron demasiado para el actor, que tuvo que ser trasladado a Londres para su tratamiento, después de múltiples problemas en África. Tardó en recuperarse tres meses, lo que obligó a detener el rodaje durante ese tiempo, aunque se rodaron planos generales contando con un doble de Robinson, pero el resto de las escenas con el actor se rodaron en Inglaterra. A pesar de esa situación la labor de Robinson resulta esencial para la película y aunque su presencia se reduce a la segunda mitad del metraje su actuación es otro ejemplo más de su capacidad, con un personaje en apariencia sencillo pero lleno de matices, un hombre que opera al margen de la ley, que está de vuelta de todo pero que no duda en acoger como a su propio hijo a un chaval que está obstinado en llegar a su destino por sus propios medios. Robinson no sólo cambia el tono de la película por completo, también ofrece grandeza, cercanía y humanidad, pero sin empalagar y convertir las escenas con el chico en algo cursi.

Por esos tiempos Hollywood ya había cambiado mucho, lo que particularmente a Robinson le llevó a tener que viajar mucho para seguir haciendo películas, pero eso no era precisamente un problema para el actor, que de esa forma podía seguir trabajando y además conocer sitios exóticos. Con la televisión ganando terreno al cine a muchas estrellas del cine no les quedaba más remedio que aceptar ofertas de televisión, lo que llevaba a trabajar más por menos dinero, algo a lo que Robinson, como tantos otros, tuvo que acceder, así como a grabar voz en off para diferentes programas y documentales. Por lo tanto la oportunidad de Sammy Va Hacia El Sur le pareció fenomenal, ya que además le ofrecía el estatus de figura principal del film. A causa del infarto los productores de la película no la tenía todas consigo, sospechaban que Robinson no iba a poder volver a actuar nunca más y pretendían cancelar el rodaje haciéndo uso de lo estipulado en el contrato, pero los médicos dijeron que aunque la situación era grave iba a poder recuperarse y seguir trabajando. Durante su estancia en el hospital londinense pudo intercambiar humo de sus cigarros con los de otro célebre y empedernido fumador, Winston Churchill.

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